Historia Argentina Colonial
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Revolución de mayo
Revolución de mayo

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REVOLUCION DE MAYO: A mi entender, no hubo tal revolución de mayo interpretándose ella como la Independencia de nuestro pueblo, porque si bien nos libramos del monopolio español, nos entregamos al liberalismo comercial, y eso es exactamente entregarnos al monopolio comercial inglés. Hay que recordar que ni siquiera hubo una declaración de Independencia, sino varios años después debiéndose ello a las exigencias del General San Martín que no quería ser tratado por el enemigo como un soldado desertor e insubordinado del ejercito español, sino como un soldado de nuestra patria, y del General Belgrano que quería para su ejército un distintivo que los diferenciara de los godos, a ambos se les llamó la atención y mas a Belgrano se le llegó a sancionar, por influencias de Don Bernardino Rivadavia, paladín del liberalismo extranjerizante.- Partidario de la revolución de mayo fue también Don Mariano Moreno, quien en esos tiempos tenía un bufete de abogados, todos ellos representantes de los comerciantes ingleses residentes en Buenos Aires en juicios contra el estado, por no poder comercializar libremente por cláusulas impuestas por la corona española ( no olvidemos que Moreno murió a bordo de un barco inglés y fue sepultado en el mar envuelto en la bandera inglesa), y que los barcos ingleses apostados en la rada a la espera del resultado de la revolución de mayo, festejaron con salvas el triunfo de ésta.
Ya Inglaterra, había intentado en dos oportunidades, (invasiones inglesas 1806 y 1807) abrir el comercio por fuerza de las armas, siendo literalmente vencidos y rechazados, tomándose prisioneros, pero siempre hay entreguistas, liberales que ven en el foráneo siempre a un ser superior, que hicieron las cosas para que estos personajes que entraron a nuestro país matando a nuestros compatriotas, una vez estando prisioneros, fueran tratados con absoluta libertad e inclusive facilitaron su fuga.-
Hay que tener en cuenta que hasta mediados del siglo XVIII (1750), los productos americanos podían competir con los ingleses en cuanto a calidad y costo, pero en la segunda mitad de este siglo, a partir de 1750 se produce en Inglaterra una formidable transformación en su técnica de elaborar, lo que se conoce como revolución industrial; comienzan los tejidos industrializados, grandes fábricas en casi todas la ciudades reemplazan al modesto taller y el capitalismo sustituye al pequeño ahorrista; la máquina, permitiendo producir más, y a menor precio, ha causado todo eso, Inglaterra de país preponderantemente agropecuario que era en el siglo XVII, llegó a ser la máquina potencia industrial en el siglo XIX. La máquina produce tanto que supera al consumo; el problema de la superproducción tiene sus dificultades: cierre de fábricas, paros forzosos, quiebras, etc., por lo que se hace necesario e imprescindible encontrar nuevos mercados de consumo, y toda la política inglesa girará alrededor de esta cuestión, para ella absolutamente vital. Pero Inglaterra comienza a sufrir asimismo algunos traspiés : en 1783 se encuentra obligada a reconocer la independencia de los Estados Unidos, nación esta que se encierra dentro del comercio de una aduana protectora de sus industrias incipientes; y con Napoleón, en 1805, por obra del bloqueo continental, se le cierran a su vez, los puertos de Europa; así que para Inglaterra se hizo a partir de 1805 cuestión primordial la conquista política y económica de América Latina, era entonces el único lugar en el mundo donde podía colocarse la producción inglesa.-
Entonces fracasada las invasiones inglesas, comienzan en 1809 a abarrotarse de buques ingleses la rada del Río del La Plata, provenientes de Río de Janeiro, que enviaba el embajador inglés en el Brasil, el poderoso Lord Strangford, - pues esa plaza estaba tan abastecida de toda clase de géneros, que algunos bastimentos no habían podido evacuar la menor parte de ellos, y se tuvo por positivo de que se habían abierto y franqueado.- A esta altura se ve que los ingleses ya se imaginaban de la pronta independencia del Río de la Plata, pues ya tenían a varios personajes como Mariano Moreno, trabajando para ello, y solo basta leer la famosa Representación de los Hacendados, verdadero antecedente ideológico de la Revolución de Mayo y que fue escrita el 30 de septiembre de 1809, 8 meses antes de ésta. Gobernaba por ese entonces el Virrey Cisneros, quien al ver tantos buques anclados frente al fuerte esperando comercializar, reunió a una comisión de notables para que se expidan, formándose un expediente dentro del cual hay tres escritos importantísimos. Son los de Yañiz, síndico del consulado y Agüero apoderado de los comerciantes gaditanos: ambos favorables al antiguo sistema protector; y el de Mariano Moreno, firmado por un señor José de la Rosa, abogando por el librecambio. El debate sobre la conveniencia de la protección o el libre cambio, tal cual surge del expediente de 1809, nos deja muchas enseñanzas, aunque nuestros políticos no la hayan utilizado nunca hasta la actualidad (a excepción del Brigadier General D. Juan Manuel de Rosas). Yañiz y Agüero defendieron con razones de experiencia y de sana lógica a la economía vernácula. Moreno en la posición contraria expuso su doctrina con acopio de citas y de erudición. Es la polémica entre comerciantes prácticos que han tomado de las experiencias sus enseñanzas, y un economista teórico que busca en los libros el conocimiento de la vida.- Nunca, nuestra industria podría competir contra los productos ingleses, ello traería aparejado la ruina de nuestras provincias como Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, donde se fabricaban ponchos, estribos, carretas, etc., ellos los pueden dar mas baratos y de mejor calidad, pero reduciría a la indigencia a una multitud innumerable de hombres y mujeres que se mantienen con hilados y tejidos. Y Mariano Moreno contestaba a todos estos argumentos “ Los que creen la abundancia de efectos extranjeros como un mal para el País ignoran seguramente los primeros principios de economía de los Estados. Es el Moreno de entonces: hombre de biblioteca, desconocedor de la realidad. El lector debe ir comparando con tiempos no muy lejanos y la actualidad. Así ya el Virreinato del Río de la Plata, pasaría de su dependencia de la corona española a una virtual colonia económica inglesa. Atrás de todo ello se encontraba la política imperialista de Cánning y su agente en el Río de La Plata el solícito Mr. Alex Mackinnon, presidente de la comisión de comerciantes de Londres en Buenos Aires, y cliente del bufete profesional de Mariano Moreno.
Derrotada Inglaterra en 1806 en su política de expansión política, triunfaba cuatro años después en su expansión económica. Pese a Quesnay, los talleres criollos tuvieron que cerrar, pues no podían resistir la competencia británica. Y como lo había profetizado Agüero , las provincias industriales – el alto Perú y el Paraguay – recelaron en la ordenanza un beneficio puro y exclusivo para los extranjeros y los porteños. Tampoco las dos intendencias del Tucumán vieron con grado una medida que arruinaba sus obrajes de tejidos e hilados y perjudicaba la floreciente industria vinícola de Cuyo.
Con los recelos del interior hacia el puerto, por la Ordenanza de 1809, abrióse el período revolucionario. Los hombres de Buenos Aires, que iniciaban la emancipación, tuvieron que emplear todo su tacto para ganar a la causa patriótica a las Intendencias Mediterráneas, resentidas con sobrados motivos contra la capital del Virreinato. No hubo en las actitudes del interior contra Buenos Aires un despego real hacia la gesta emancipadora. Pues si en alguna parte del virreinato habíase iniciado, anteriormente a 1810, focos revolucionarios, eran, precisamente en el Paraguay y el Alto Perú, que tan poco papel cumplieron en la revolución definitiva. Es que un movimiento conducido por porteños, que acaban de lograr la ruina de los obrajes paraguayos y altoperuano, con el agravante de moverse a su frente el propio abogado de Alex Mackinnon (Mariano Moreno), no era muy a propósito para inspirar confianza a los patriotas de tierra adentro. La revolución de Mayo fue movida, una por empuje del secretario de la junta que no era ni mas ni menos que el mismo abogado de los ingleses, el vocal Manuel Belgrano, cuyas ideas sobre el liberalismo económico corrían en las páginas del Semanario de Agricultura, y la decisiva presión del comercio inglés, donde una comisión formada por los comerciantes ingleses, ofreció el 10 de julio de 1810 su apoyo a la junta, siempre que ésta protegiera decididamente el comercio libre, la junta contestó tres días después prometiendo reglamentar el comercio honesto, e inclusive puede ser que el permiso otorgado por la junta el 14 de julio para exportar moneda acuñada, lo fue probablemente movido por la representación del gobierno inglés. Mariano Moreno, en el plan de operaciones redactado por el mismo dice “ Nuestra conducta con Inglaterra debe ser benéfica, debemos proteger su comercio , aminorarles los derechos, tolerarlos y preferirlos, aunque suframos algunas extorsiones”, no sabían que hacer para lograr la simpatía británica, hasta se llegó a pensar en el regalo de la isla Martín García, como reconocimiento de gratitud, si la actitud inglesa se mostraba decididamente favorable.
Mientras secretamente pensábase en favorecer el comercio inglés, de manera pública se condenaban los efectos que este comercio produciría en América. La Junta Grande había restringido las facilidades al comercio inglés prohibiendo la introducción de efectos al interior del país por extranjeros, pues los diputados provincianos querían alejar en lo posible de sus ciudades los resultados perniciosos de la ordenanza de 1809.
Vencida la junta grande que era una representación nacional, por la conjuración bonaerense del 7 de noviembre de 1811, fueron entregados todos los poderes al triunvirato porteño; cúpole a este y a la Asamblea del 13 el triste honor de abrir franca y totalmente las puertas a la invasión económica extranjera: nueve días después de su creación, el triunvirato, permitió la entrada, libre de derechos, del carbón de piedra europeo, no obstante la industria santafesina de carbón de leña. En la misma política el 25 de diciembre se rebajaron en una tercera parte los derechos de aduana que pagaban los géneros extranjeros y el 26 de febrero de 1812 se declaraba libre la introducción de azogues, maderas y otros productos. Finalmente el 11 de septiembre derogábase totalmente los derechos de círculo que según la ordenanza de Cisneros, pagarían los comerciantes extranjeros, así como la consignación obligatoria a comerciantes nacionales. Don Bernardino Rivadavia, secretario y verdadero impulsor del Triunvirato, fue el alma de esta política. Finalmente la asamblea del año XIII, provinciana en apariencia, pero elegida y controlada por la logia porteña, distaría el 19 de octubre de 1813, la resolución definitiva, dejando nuevamente sin efecto la consignación, establecida el 3 de marzo, que se encontraban obligados a efectuar los comerciantes extranjeros. Desde esa fecha estos quedaron admitidos en libre e igual competencia en todas las actividades comerciales, igualdad que en la práctica significaba hegemonía para los de afuera.
Ni siquiera Domingo French es quien dice contar la historia oficial. Trabajó en el correo, según un autor fue el primer cartero argentino y probablemente este sea su mejor mérito. Aunque su fama no proviene de la citada circunstancia, sino de un exitoso embuste que lo asoció a Beruti, en la repartija de cintas celestes y blancas, la lluviosa mañana del 25 de mayo de 1810, entre el pueblo que colmaba la plaza. Está comprobado que no hubo cintas de tal color, ni tampoco pueblo. Comandó el pelotón que fusiló a Liniers, y fiel a la orientación política liberal autora del nefasto suceso, prosiguió su carrera. Juntamente con su amigo Beruti, frecuentaban el Café de Malcos o Marcos, donde se reunían los morenistas revolucionarios, es decir el germen de lo que una década después sería el partido unitario. Ambos personajes eran llamados los chisperos, por llevar estos armas de puño a chispa (trabucos), fueron apostados en los alrededores de la plaza y permitían ingresar al cabildo según sus pensamientos a la gente, que no era precisamente todo el pueblo, sino algunos pocos interesados en el libre comercio y obligar a los godos mas prominentes para que se perdieran, extraviaran o rompieran sus invitaciones al cabildo “abierto”. No llevaban las cintas celestes y blancas como dicen sino en el sombrero y en la manga el rojo de la sangre y de la guerra. Bajo los ponchos portaban el filoso cuchillo y el trabuco a chispa; hubo órdenes de no revisarlos. La mitad de los españoles quedaron fuera de la plaza y por ende del cabildo.