Historia Argentina Colonial
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San Martín y Rosas son los dos más respetables patriotas argentinos. Rosas fue un hombre de campo convertido en político, sus palabras fueron “es necesario ser como ellos, vivir como ellos, comportarse como ellos” en referencia al hombre de campo, al gaucho.En este sentido va la vida de Juan Manuel, en destacarse como hombre de campo, enlazador de primera, como el mejor pialador, el excelente maestro de campo, como lo demuestra sus instrucciones a los mayordomos de estancia. Esta fama va de boca en boca. Si Rosas consigue divulgar su prestigio, la causa no debe campearse en otros méritos que en los de su inequívoca condición de criollo, unida a la de patrón en la profunda acepción de la palabra, irremisiblemente vedada a los puebleros. Ambas cualidades, patrón y criollo, no fueron comunes a cada propietario de campo. El significado de criollo, grávido en su mas honda acepción, no encierra exclusivamente la mentada destreza y habilidad hispánica y caballeresca, olvidadas, cuando no ridiculizadas, por la ética protestante y iluminista de los leídos.
Rosas dentro de esta vida de campo adquirió una gran picardía para sacarse de encima a los avivados intelectuales de la ciudad. Esta habilidad fue puesta de manifiesto en resolver conflictos internacionales, haciendo hocicar a consumados diplomáticos, y esto fue consecuencia de aquellas lecciones aprendidas en las inmensas aulas de la pampa abierta. Si no todos los hombres de chaqueta larga son personeros de la extranjería, lo cierto es que conocen al país y a la gente por haberla estudiado; en cambio él ha vivido a la gente y al país. Dos formas opuestas de concebir el tema. Por un lado la perentoria necesidad de corregir esa realidad original, sin cabida en los proyectos elaborados en lejanas latitudes. Por otro encauzarla,...”hoy esta base, mañana la otra…”dice refiriéndose a la organización, en la carta de la Hacienda de Figueroa. Los hombres de las luces, los gringos, los puebleros, a palos, como aconsejaba Agüero. Apremian por meter al país en el articulado de las leyes. Rosas sabe que al país no lo arreglan los “doctores”, ni la engañosa “ciencia”. El posee un estilo y un método, cuya didáctica solo se encuentra en la experiencia dictada por el medio que los envuelve, sin oprimirlo, sin rechazarlo, porque pertenece a El. Es justamente la oposición entre la civilización y la sabiduría. A ésta la miopía liberal calificó de barbarie. En las instrucciones a los mayordomos, escritas como es sabido sin intención de publicarlas, Rosas desarrolla la primera de sus enseñanzas, la de hombre de campo, la de patrón y estanciero. Mansilla nos cuenta que su tío lucía en la frente, perpendicular hacia la nariz, una antigua cicatriz y el dedo anular de una de sus manos aparecía levemente tronchado en la primera falange, aclarando que al habérsele cortado el lazo pialando potros, se lesionó el dedo chicoteándole sobre el rostro. Lo que no dice Mansilla es a que mano pertenecía el dedo lesionado. Juan Carlos Neyra dice que “se atreve a asegurar que el dedo de Rosas, así se llama el artículo de Mansilla, era el de la mano derecha, porque Rosas no era “zurdo”. El criollismo no se reduce a meros desplantes de gaucho compadre en desprecio de los puebleros o de los gringos. Como ya se ha dicho, adquiere en el contacto con los hechos y con los hombres el carácter de una original concepción del mundo, que en Rosas, en diversas oportunidades no solo se repite sino que explícitamente el las expone como fundamento de sus negativas a ocupar cargos públicos. Rosas sabe que el país desde 1810 en adelante viene siendo gobernado por lo mas crudos representantes de lo gringo. Que ellos con razón o sin ella, se creen monopolizadores de las soluciones y sobre todo de las teorías, mas importantes para ellos que la cruda realidad. Fueron numerosas las tomadas de pelo del hombre de nuestro campos al pueblero, habitualmente preguntón e indiscreto, juego de palabras, metátesis intencionadas, combinaciones de nombres, cuentos fantasiosos dichos con la mayor seriedad entre quienes, por pertenecer al medio, participan regocijados de la broma. A esa especie pertenece la que en carta de abril de 1841, describe a Florencio Varela, Daniel Torres. En una comida cordial corolario del tratado Arana-Mackau , Rosas responde afirmativamente a una pregunta del diplomático francés sobre la existencia de caballos en la patagonia, haciendo la salvedad de la dificultad que les crea a los patagónicos el gran rabo que tienen, obligándolos a hacer un profundo agujero en la silla para introducirlo; este inconveniente, comenta Torres, está compensado por otras ventajas como la de poderse hacer fresco con la cola y espantarse las moscas. No es extraño que Rosas pensase que después de haberle hecho tragar a Mackau un tratado podría hacerle engullir lo de la cola. Entre tanto el almirante no comprende que ha sufrido una burla y un engaño. Del mismo modo o parecido tenor, son otras argucias que en el trato diario Rosas sabe dosificar adecuadamente. Como buen enlazador conoce en que momento debe dar lazo y cuando, sin correr ningún riesgo, aguantar el tirón. El patriotismo de Rosas, acaso en San Martín fuese similar, pertenece a una categoría diferente “el saber”. Don Juan Manuel fue un criollo.Llegó al poder exigido por las circunstancias desencadenadas por los disparates, coimas, agresiones y crímenes de los liberales y unitarios, sordos y ciegos ante la realidad del país y la maltrecha dignidad nacional. El desorden, los delirios y negociados Rivadavianos; la prepotencia liberal constitucionalista, empeñada en embretar al país en instituciones plagiadas del extranjero; militares acosados e instigados por la cobardía de los “doctorcitos”; la indignante muerte de Dorrego, fueron sumándose al prestigio creciente del sensato comandante de campaña, obligándolo a vencer sus reparos y falta de ambición política, con el fin de terminar con el caos. El asesinato de Dorrego en 1828 y del General Quiroga en 1835 fueron las dos muertes indignantes que vencieron la falta de vocación de Don Juan Manuel, convirtiéndolo en sabio y patriótico gobernante.
En el comentario que hace en una carta a Josefa Gomez, sobre el calumnioso libro de Bilbao escribe: “el error gravísimo de Lavalle…que causó indignación general, fue mandarlo a fusilar (a Dorrego)”. ¿Cómo gobernó? Como un criollo indignado. El hombre de 42 años que el 13 de abril de 1835 asume el gobierno con facultades extraordinarias y la suma del poder ha ido encontrando en la ignominia circundante el camino a si mismo. Sabe que los enemigos no se detienen ni en la traición a la patria cuando se trata de servir a sus propios intereses; comprende que no es posible pactar con ellos, que la única solución consiste en aniquilarlos, como había vaticinado una década atrás San Martín. Sobre tales premisas reconoce el error de haber pretendido colaborar con ellos “…y yo insensato que me metí con semejantes botarates…”. En síntesis, Rosas se convierte en el personaje que puso el sello a la historia argentina.
La muerte de Quiroga, seis años después de la de Dorrego, lo indigna, señalándole el destino irremediable: el de criollo indignado. En cada encrucijada política descubrirá la indignante felonía; la indignante traición a la patria; el indignante incumplimiento de la palabra (Paz,Lamadrid), la indignante traición de los amigos (conspiración de Maza); la indignante impudicia antinacional de los emigrados (Lavalle, Mitre, Sarmiento, Florencio Varela, y hasta el pretendido cambio de idioma por el francés de Alberdi, etc.etc.).Y al mismo tiempo se perfila la voluntad de no aflojar, de no recular un tranco de chimango, de las selectas mayorías criollas. Ido apoyo de inteligentes colaboradores ( De Angelis, Arana, Garrigó, Torres, Líate) y de eficientes soldados (Pacheco, Guido, Corvalán, antonino Reyes, Vicente Gonzalez, Mansilla) descansa el poder del Restaurador. Con tales partidarios y semejantes adversarios gobierna como un criollo indignado. ¿por que cayó? El instrumento fue la traición de Urquiza. La presión extranjera, asumida por Brasil, erigido en disimulado representante de los intereses europeos en general, pero muy especialmente por el temor que el imperio esclavista experimentaba ante el creciente poder del vecino. La guerra con el Brasil consistía en un peligro latente desde que Rosas decidiera concebir su estrategia rioplatense. Heredada de la política virreinal hispánica. No bien asciende al gobierno dicta la Ley de Aduana, otra de las causas de su caída. Dicha ley significaba proteger las incipientes industrias locales de la agresión exploradora de Francia, Inglaterra, principalmente, y los Estados Unidos; además resguardaba la producción agrícola con tarifas diferenciales favorables al Paraguay con respecto del Brasil. Su sanción se convierte en la Bomba de Tiempo a la espera del momento propicio para explotar. La política de Rosas resulta en un pésimo ejemplo, inadmisible para los países exportadores de manufacturas. Si las enseñanzas de esta gran patriota, cunden por América y el mundo, las dos potencias europeas corren el riesgo de perder los mercados semicoloniales que fructíferamente explotaban. Rosas tenía que caer; su destino, quizás el primer antecedente americano, será el de todo gobierno establecido en este continente de ideología nacionalista, que se empeña en defender el interés nacional. Los imperialismos de turno, siempre tendrán a mano el abogado defensor de la “libertad” o de los “principios de Mayo”, dispuesto a encubrir por una suma de oro la traición del político coimero, con pretextos morales, institucionales, universales.El nombre y la fecha es lo de menos, lo invariable es la nómina de los pretextos utilizados para voltear al patriota, colocando en su lugar al mal parido de turno.
En la denodada defensa de la soberanía ejercida por el Restaurador, habría que dedicarle un espacio necesariamente extenso a la conducta de los exiliados en Chile y Uruguay, miembros o no, de las respectivas comisiones argentinas. Neyra textualmente dice “Creo obviar, hasta cierto punto, la exposición de las infamias cometidas, con el justo nombre de traidores a la patria con que, desde el título a sus escuetas biografías, se los califica. No dejo de repetir que todos, absolutamente todos, los que encabezaron la lucha armada contra Rosas y los que lo apoyaron teórica, económicamente, prensa, o moralmente merecen el mismo nombre. Aclarando que a ellos pertenecen la mayoría, por no decir la totalidad de los próceres consagrados por las academias y honrados por los diferentes administradores de la semicolonia, desde 1852”.-En este año Urquiza aliado del Brasil invade la Argentina traicionando de esta manera a Rosas. En Caseros, el 3 de febrero de 1852 hechos y hombres parecen citarse convocados por la ignominia. Rosas cae y el país nunca mas recobrará la altivez y la riesgosa arrogancia nacional.
Siempre sobre Rosas se escribirán historias de fusilamientos, muertes en la oscuridad, etc.etc.- Pero de los veintitrés oficiales y cientos y tantos de soldados fusilados por orden del Gral. Paz después de la Tablada, no figuran en la antología de la infamia divulgada por Vicente Fidel López y Mitre, ni otras matanzas cometidas por los genocidas del Mitrismo, o de Urquiza, en cambio se inventan víctimas con tal de ensuciar a Rosas y a sus patrióticos aparceros en la defensa del país. La intachable administración del erario público, que en 17 años de investigaciones arteras, nunca pudo ser objetada por quienes lo sucedieron, jamás fueron comparadas con las trapisondas de Alvear, Pueyrredón, Lavalle, Rivadavia, Manuel J. García, Costa, etc.
Pero donde pareciera establecido un juicio definitivamente adverso es en el terreno de la cultura, siendo allí justamente donde se realizaron las más fructíferas publicaciones desde 1810 hasta su caída. El napolitano Pedro de Angelis, el hombre mas culto que habitó Buenos Aires hasta muy entrado el siglo XIX, fue el encargado de llevar adelante la mas trascendental tarea historiográfica conocida en el país. Pedro de Angelis publicó durante la época de Rosas un sinnúmero de libros, los médicos recibidos desde 1835 hasta 1852 fueron 173, los abogados 88. La contundencia de estas cifras, no alcanzará a los paniaguados de la historia oficial, ellos reciben su pitanza para demostrar lo contrario. Al año siguiente de la caída de Rosas, 1853, nadie se gradúa de médico. Siempre al periodo federal lo van a tildar como el periodo de la barbarie y la brutalidad.
Enormes cajas se llevó Rosas a su exilio, pensando sus enemigos que este se llevaba tesoros. Estos tesoros no eran ni mas ni menos papeles, documentos que a don Juan Manuel le servirían para desmentir todo lo que se habló de El. Juan Bautista Alberdi, arquitecto de la traición a la patria, teórico de nuestra sumisión colonial y feroz enemigo, quien tuvo la osadía de recomendar a Rosas el cambio del idioma español (gauchesco) por el francés, no tiene mas remedio que confesar, al cabo de una entrevista en 1857 con el Restaurador en Londres: “…tiene la fácil y suelta expresión del hombre acostumbrado a ver desde lo alto del mundo. Y sin embargo no es fanfarrón, ni arrogante…habla con moderación de sus adversarios, incluso de Alsina…Me dijo que no había sacado plata de Buenos Aires pero sí todos sus papeles históricos, en cuya autoridad descansaba”. De nuevo los papeles. También se queja de los Anchorena, aprovechados logreros de la fortuna debido a Rosas. Tomás, el respetable, había muerto. Será después un chileno de apellido Cobo, cargoso en su interés por visitarlo. Aunque su testimonio procure empequeñecerlo a su medida, el dicho Cobo no lo logra.
Rosas en su exilio no abandonará jamás sus costumbres criollas, dirá siempre que el mate y su ángel guardián son sus únicos compañeros.- Todo aquel que lo visitó siempre resaltó su vida austera, su energía para dedicarse al campito que había arrendado para poder subsistir, y su gran cantidad de documentos que el decía que ha su muerte lo rehabilitarán.
En 1873 Vicente Quesada acompañado por su hijo Ernesto, llega a Burgess Farm. De aquel encuentro quedan dos testimonios dispares, el padre, en su calidad de Ministro de Gobierno de Buenos Aires, prohíbe cuatro años después, con un decreto infame, la misa que los amigos pretenden oficiar al conocerse la muerte del prócer. El hijo por encargo del padre, redacta una memoria de la entrevista, publicada mucho después, que justifica la admiración de Ernesto por el ilustre entrevistado. En Vicente Quesada, sumiso habitante de Buenos Aires en tiempo de Rosas, subsiste el odio cobarde de los liberales cuando trepan al poder. Un sobrino de Rosas, Baldez Rosas, relata ya en 1873, las tres entrevistas con su tío, recuerda el regocijado encuentro, la alegría en la indigencia, describe la cantidad de libros, papeles y documentos que cubren la larga mesa; la chimenea y la imagen de Nuestra Señoras de las Mercedes.-
Uno de los botaretes que comenta las citadas entrevistas dice, criticándolo a Rosas: “Ellos nos informan circunstancialmente acerca de sus hábitos, carácter, cultura, preocupaciones y ocupaciones... Por ellos sabemos que no abría su puerta al primer venido… otorgando el permiso de visitarlo y de conversar con El solamente a las personas que podían serle útil o gratas”- Ahora bien, yo me pregunto quien haría lo contrario, recibiendo a esa altura de la vida a los ingratos e inútiles. Solamente a un individuo perteneciente a la academia de la historia como el dueño de semejantes reflexiones, Antonio Dellepiane, se le podía ocurrir. Es de nuevo Juan Bautista Alberdi, quien escribe a doce años de la caída: “el ejemplo de moderación y dignidad que usted está dando a nuestra América, despedazada por la anarquía”; Urquiza a poco de haber consumado la traición le escribe, simulando compadecerlo por la pobreza, ofreciéndose, a aportar anualmente mil libras, de las cuales llegó una sola remesa, no repitiéndose más y, por cierto, esa única con enorme atraso. Esta suma de acuerdo con la fabulosa fortuna de Urquiza era como sacarle un pelo a un gato. Por eso extraña la indulgencia de algunos rosistas para con el traidor opulento y sensual. Mientras tanto, la patria lejana, maltratada, asiste al festival de sangre gaucha derramada como “abono” por los hombres de las luces. En la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, un torneo de crápulas disputa a ver quien enloda con mayores calumnias al prócer. Tratan de otorgar legalidad al decreto del 16 de febrero de 1852 despojándolos de sus legítimos bienes. Enemigos y traidores no guardan el menor decoro. Es realmente asqueante, un desfile de canallas. Entre los más enconados enemigos figuran Rufino Elizalde y Emilio Agrelo. Al mismo pertenece, ya acomodado como fiscal de estado, esta frase: “desde que la demanda es contra Rosas, este ministerio nada tiene que oponer, porque todo particular debe tener siempre razón contra el tirano” Agrelo dice estas conocidas palabras: No podemos dejar el juicio de Rosas a la historia ¿que dirán las generaciones venideras cuando sepan que el Almirante Brown lo sirvió? ¿Qué el General San Martín le donó su espada?¿Que grandes y poderosas naciones se inclinaron ante su voluntad?... Debemos condenar a Rosas, y condenarlo con términos tales que nadie quiera intentar mañana su defensa”.Esta yunta de atorrantes, Elizalde y Agrelo, es la misma que en octubre de 1851 desenganchó los caballos y empujó el coche de Manuelita. Entre los notorios sinvergüenzas deben ubicarse Velez Sarfield, los Torres, Braulio Costa, Gondra; en fin, la lista es muy larga y sería de nunca acabar describir la orgía de bajezas posteriores a la caída de Rosas. Ministros y legisladores, al día siguiente de Caseros se convirtieron en enemigos del “tirano prófugo”, después de haberle lamido los pies.-
La ley dictada el 29 de julio de 1857, en el artículo 1 dice: “Se declara a Juan Manuel de Rosas reo de lesa patria por la tiranía sangrienta que ejerció sobre el pueblo durante el periodo de su dictadura, violando hasta las leyes de la naturaleza y por haber hecho traición, en muchos casos a la independencia de su patria y sacrificado a su ambición, su libertad y su gloria, ratificándose por esta declaración las disposiciones vigentes”. Los cinco artículos siguientes son por el estilo. En diputados obtuvo veintiún votos a favor y doce en contra, en el senado se aprobó por unanimidad. ¿Habrán podido conciliar el sueño los traidores a la patria aliados por el extranjero que votaron esta Ley? Lo ignoro. Despojado arbitrariamente de sus bienes, escarnecido, calumniado, Rosas protesta en dos ocasiones, diciembre de 1853 y septiembre de 1857.Algunos párrafos de su defensa dice: “…llegará el día en que desapareciendo las sombras, solo quedan las verdades que no dejarán de conocerse , por más que quieran ocultarse entre el torrente oscuro de las injusticias. En veinte años que la prensa del mundo sirvió a mis enemigos de instrumento para inventarme cargos, a nadie ocurrió el de imputarme el de robados del Tesoro Público; porque nadie podía, ni puede comprobarme ese cargo, sin ser desmentido por los documentos fehacientes que acreditan lo contrario”. Son años muy duros para el viejo criollo, la distancia no amortigua los hechos de los crímenes del mitrismo, como el del digno y corajudo Jerónimo Costa, héroe de Martín García, cuando Mitre y los suyos servían a los franceses en 1838. Pero el hombre entero va venciendo una a una las injusticias de la vida privada igual que derrotó a las traiciones de los enemigos de su patria. Ha llegado a los 80 años en la miseria. “…las gallinas se acabaron, cuenta el prócer en una carta, las he comido. Aún he conservado las tres lecheras. La mora que decían no daba la suficiente leche…” Aunque también deba vender la mora y las otras dos para tiras un poco más, hasta que venga la muerte y lo agarre a coscorrones. Mientras tanto los asaltantes del poder se reparten los jirones de lo que queda después de Caseros. Los caudillos exterminados ya no molestan, o molestan poco, cuando el exultante instigador de asesinatos, Sarmiento, completa el cuarteto impuesto por la masonería (Urquiza, Derqui, Mitre y Sarmiento), no bien caía Rosas y los hermanos tres puntos retornaban junto a la libertad, la constitución, la entrega económica y el degüello de paisanos. A pesar de las calumnias y las mentiras a designo confesadas por Sarmiento, Rosas, en 1872, a raíz de los eternos problemas suscitados por los punguistas trasandinos, los hermanos chilenos, colabora con el gobierno aportando la formidable documentación en su poder con el fin de apoyar los derechos de su patria. La poco divulgada correspondencia con Mariano Balcarce, yerno de San Martín a cargo de la legación en Francia, brinda otro inequívoco ejemplo de patriotismo. No importa que el usurpador del poder sea su enconado enemigo, El solo repara en los intereses de su patria.
Definitivamente eliminado del Río de La Plata, la piratería inglesa disponía de una numerosa y benévola corte de lacayos dispuestos a conchabarse. Recordaban que durante el gobierno de Rosas imperó el orden y la honesta posibilidad de trabajar en paz.
Su testamento confirma su fe Católica: “… Mi cadáver será sepultado en el cementerio Católico de Southampton hasta que en mi patria se reconozca y acuerde por el gobierno la justicia debida a mis servicios”.
Pacho O’Donnell en su libro Juan Manuel de Rosas, escribe un valorioso comentario acerca de cómo Rosas se hizo con la suma del Poder Público, cuando algunos denostadores dicen que Rosas manejó a la Argentina como un Patrón de Estancia, pero esa suma del poder público no la tomó El por si mismo, sino que le fue otorgada por la Legislatura : “ La agitación en Buenos Aires a raíz de Barranca Yaco es grande.La Sala de Representantes, antes reticente, se apresura a sancionar:
“ Se deposita toda la suma del poder público de esta Provincia en la persona del Brigadier General D. Juan Manuel de Rosas, sin mas restricciones que las siguientes:
1-Que deberá conservar, defender y proteger la religión Católica, Apostólica y Romana.
2-Que deberá defender y sostener la causa Nacional de la Federación que han proclamado todos los pueblos de la república.
3-El ejercicio de este poder extraordinario durará todo el tiempo que a juicio del Gobernador electo fuese necesario.
Antes de aceptar, en una actitud ejemplarmente democrática, Don Juan Manuel solicitó la realización de un plebiscito para conocer si contaba con el apoyo de la gente. El mismo se llevó a cabo del 26 al 28 de marzo de 1835. En un hecho excepcional se convocó a votar por sí o por no a todos los ciudadanos habitantes de la ciudad, todo hombre libre, natural del país o avecindado en El , desde la edad de 20 años o antes si fuese emancipado.
El resultado fue 9316 sufragios a favor de la proclamación de Rosas con poderes ilimitados y solo cuatro en contra.
La ley de las plenas facultades para Rosas fue sancionada el 1 de abril y el nuevo gobernador juró el 4 en la sala de Representantes, a donde se presentó acompañado de los Generales Mansilla y Pinedo en un carro arrastrado por la “chusma” enfervorizada. Los festejos en las mansiones de la clase adinerada y en las barracas de los barrios populares continuaron durante varios días.
Ya no bastaría la simple adhesión, de allí en mas la adhesión debía ser total. Para ello le habían rogado una y mil veces que volviera al gobierno. Solo en El confiaban, en su honestidad, en su patriotismo, en su popularidad. También en su crueldad, indispensable para imponer el orden en una sociedad desquiciada. A nadie debió sorprender su dureza en el poder, su inflexibilidad, su desconfianza, su odio hacia los extranjerizantes y volterianos, su enemistad con los masones y librepensadores .
Don Juan Manuel podría decirnos : “ no fui yo quien decidió ser un dictador. Fueron todos los demás los que me lo exigieron. Es absurdo que después se me reprochase, con hipócrita indignación, haber cumplido rigurosamente con lo que se me pidió”.
Así cuando la Legislatura duda en entregar las facultades supremas a Rosas, San Martín escribe el 1 de enero de 1834 sus reflexiones sobre libertad y dictadura:
“Los hombres no viven de ilusiones sino de hechos ¿que me importa que se repita hasta la saciedad que vivo en un país de libertad, si por el contrario se me oprime? ¡Libertad!, désela Ud. A un niño de dos años para que se entretenga por vía de diversión con un estuche de navajas de afeitar y Ud. Me contará los resultados. ¡Libertad! Para que si me dedico a cualquier género de industria, venga una revolución que me destruya el trabajo de muchos años y la esperanza de dejar un bocado de pan a mis hijos. ¡Libertad! Para que se me cargue de contribuciones a fin de pagar los inmensos gastos originados, porque a cuatro ambiciosos se les antoja, por vía de especulación, hacer una revolución y quedar impunes. ¡Libertad! Para que el dolo y la mala fe encuentren una completa impunidad como lo comprueba lo general de las quiebras…Maldita sea la tal libertad, ni será el hijo de mi madre el que vaya a gozar de los beneficios que ella proporciona, hasta que no vea establecido un gobierno que los demagogos llamen tirano, y me proteja contra los bienes que me brinda la actual libertad. Tal vez dirá Ud. Que esta carta está escrita de un humor bien soldadesco. Usted tendrá razón, pero convenga Ud. Que a los 53 años no puede uno admitir de buena fé el que le quieran dar gato por liebre…Dejemos este asunto y concluyo diciendo que el hombre que establezca el orden de nuestra patria, sean cuales sean los medios que para ello emplee, es él solo que merecería el noble título de Libertador”.Esta carta fue escrita por San Martín a su gran amigo Tomás Guido Embajador de Rosas en el Brasil.
Eran tantos y tan poderosos los enemigos de Rosas, que tuvo la premonición de un duro exilio. Si bien durante su gobierno fue generoso con algunos amigos y aliados, nunca fue generoso consigo mismo, no solo por su espíritu religioso sino también porque para que el pueblo avalase su autocracia, para que no la sintiese al servicio de sus intereses personales, debía dar pruebas de una transparente honestidad.
Seguramente en su interior, doña Agustina lo vigilaría con gesto adusto e imperativo.
En una oportunidad conocida, en 1839, y por relato de su cuñado Lucio N. Mansilla, pareció estar a punto de sucumbir a la tentación en tiempos en que enfrentaba enormes dificultades económicas:
“ Amigo, Usted es un hombre de buen gusto, hágame el favor de comprarme unas lindas alhajas que deseo hacer un regalo a Encarnación.”
El General Mansilla asiente y se retira del despacho del Gobernador. En pocos días cumple con el recado. No son muchas, pero sin duda son los mas valioso que se puede elegir en Fabre, el continuador de una dinastía de joyeros, que ha abierto tienda en una de las esquinas de la Plaza de la Victoria.
Rosas las recibe y las sopesa sin urgencia, observándolas con la atención de un relojero.
“Son muy bonitas – dice al fin - , pero son pocas. Yo quería algo mejor.” Mansilla le explica que las puede devolver pero don Juan Manuel le responde:
“No, se comprarán después otras, porque ya sabe Ud. nunca se está seguro , y si uno de estos días me agarra la trampa, llevando eso Encarnación entre las polleras durante algún tiempo tendremos de que vivir”.
Nada de eso se hizo y en 1852, luego de Caseros, el representante británico en Bs.As., Mr. Robert Gore, quien tendría a su cargo el embarque clandestino de Rosas con proa a su exilio, informará a su canciller Lord Henry Temple, que “ El General me aseguró que no tenía un centavo fuera del país y que llevaba consigo una insignificancia, alrededor de 720 onzas, en nuestra moneda 2300 libras, y que si sus propiedades en este país fuesen confiscadas él y su familia se arrinuarían”. Y así fue.
Sobre la honestidad del Restaurador uno de los testimonios mas conmovedores es el de José María Ramos Mejía, condicionado familiarmente a la antipatía hacia Rosas por ser hijo de Matías Ramos Mejía uno de los líderes de la Revolución del Sur que apenas se libró del fusilamiento y que luego fue edecán del General Lavalle:
“Mis escrúpulos estrujaban el lenguaje para sacar una fórmula condenatoria que satisficiera a la pasión política hasta que por fin triunfó la probidad histórica y estampé el pensamiento con franqueza: en el manejo de los dineros públicos Rosas no tocó jamás un peso en provecho propio, vivió sobrio y modesto, y murió en la miseria”.
El ministro Charles Guizot tuvo activa y decisiva participación en las dos agresiones francesas contra la Argentina de Rosas. Era un chauvinista que defendía la idea de la Francia beligerante desplazándose por el mundo en busca de mercados conquistados a cañonazos que también lavaban el honor francés por anteriores afrentas.
El 8 de febrero de 1841, en el parlamento emitió juicio, sobre la situación en el Río de La Plata, evidenciando talento para el diagnóstico político: “Hay en los estados de América del Sur dos grandes partidos, el partido europeo y el partido americano; el primero, el menos numeroso, comprende los hombres mas esclarecidos, los mas familiarizados con las ideas de la civilización europea; el otro partido mas apegado al suelo, impregnado de ideas puramente americanas, es el de los campos. Este partido ha deseado que la sociedad se desarrollara por sí misma, a su modo, sin préstamos, sin relaciones con europa. Este partido puramente nacional está ahora en el poder(…) El General Rosas es el jefe del partido de los campos y el enemigo del partido europeo.”
La testamentaria del sable libertador a don Juan Manuel de Rosas, despierta acerbas críticas en los enemigos de ambos:
“San Martín ha hecho un gran daño a nuestra causa, con sus prevenciones, casi agrestes y serviles, contra el extranjero, copiando el estilo y fraseología de aquel ( Rosas) , prevenciones tanto mas inexcusables cuanto que era un hombre de discernimiento. Era de los que en la causa de América no ven mas que la independencia del extranjero, sin importársele nada de la libertad y sus consecuencias. Emitió opiniones dogmáticas sobre guerras muy diversas de las que no puede hablarse sin estar al cabo del estado político y social, de la actualidad de estos países; de nada de eso estaba él al cabo, el hombre que menos conocía a la Provincia de Buenos Aires, era él; puede decirse que estuvo en ella solo de paso y eso en tiempos remotos; emitió pronósticos fundados en creencias desmentidas por hechos multiplicados. Nos ha dañado mucho fortificando allá y aquí la causa de Rosas, con sus opiniones y con su nombre; y todavía lega a un Rosas, tan luego, su espada. Esto aturde, humilla e indigna y …pero mejor es no hablar de esto”. Esta carta fue hecha el 9 de noviembre de 18590 por Valentín Alsina y girada a Félix Frías. Dos personajes que llevan su nombre en ciudades, pueblos, calles y plazas. Ahora bien dice de San Martín que su culpa es mas grave por ser un hombre de discernimiento, en que quedamos, pues Sarmiento dice de San Martín a propósito del legado del sable a Rosas, ser un hombre senil. Cualquier cosa vale para denostar al Padre de la Patria.
Las potencias europeas necesitaban buenos pretextos para la intervención rioplatense. Por ejemplo, algún documento que reforzara la imagen sanguinaria que Juan Manuel de Rosas se había ganado con sus excesos , hábilmente exagerados y propagandizados por sus enemigos de Montevideo, Florencio Varela encargó su confección al escriba José Rivera Indarte.. Nadie mejor indicado. Su odio a Rosas era grande, había sido federal, miembro de la sociedad popular restauradora y a su pluma pertenece el Himno a Rosas. Según los unitarios se fue a Montevideo asqueado por las tropelías del rosismo. Según los federales debió escapar de Buenos Aires procesado por estafa y falsificación de documentos y no perdonaba que Rosas no hubiese hecho nada por salvarlo.
En 1843 se le encargan las Tablas de Sangre, inventario de las atrocidades atribuibles al restaurador. Los partidarios de Don Juan Manuel, citando el Atlas de Londres del 1 de marzo de 1845, en artículo reproducido por Emile Girardin en La Presse de París, afirman que la casa Lafone & Co., concesionaria de la aduana de Montevideo, habría pagado la macabra nómina a un penique el cadáver.
Juntó 480 muertes y le atribuyó a Rosas todos los crímenes posibles: el de Quiroga y su comitiva, Heredia, Villafañe, etc. enunció nombres repetidos y otros individualizados por las iniciales N.N. Los métodos variaban: fusilamientos, degüellos, envenenamientos (uno con masitas en una confitería) etc. De ser ciertas las imputaciones del rosismo, los 480 cadáveres habrían reportado dos suculentas libras esterlinas para Rivera Indarte…
Pero la lista no termina allí, ya que las Tablas agregaban 22560 caídos y posibles caídos en todas las batallas y combates habidos en la Argentina desde 1829 en adelante.
El informe que Varela llevó consigo inventariaba otros actos bárbaros que justificarían la intervención extranjera por motivos de humanidad: Las costosas festividades que celebraban los aniversarios de la suba al poder de Rosas mientras las rentas de la Universidad eran desviadas al ejército en 1838 parta defender su tiranía. Los procedimientos para matar eran escalofriantes : las cabezas de las víctimas eran puestas en el mercado público adornado con cintas celestes, los degüellos se hacían con sierras de carpintero desafiladas.
Rivera Indarte agregó como apéndice su opúsculo: “Es acción Santa matar a Rosas”. En el se revela que su hija ha presentado en un plato a los convidados las orejas de un prisionero. También Rosas ha acusado calumniosamente a su respetable madre de adulterio, ha ido hasta el lecho que yacía moribundo su padre a insultarlo. Y como si todo esto no fuera suficiente, es culpable de torpe y escandaloso incesto con su hija Manuelita a quien ha corrompido.
La casa Lafone & Co. , financista de las Tablas de Sangre, era materialmente dueña de Montevideo: en 1843 había comprado las rentas de la Aduana hasta 1848, lo que le significaría una gran ganancia si el puerto de Buenos Aires fuese bloqueado por potencias extranjeras decididas a imponer orden y civilización. Era también propietaria de la Punta del Este y de la isla Gorriti, y se la había concedido en exclusividad la caza de lobos marinos en la isla de Lobos por trece años.
Como vemos, las atrocidades atribuidas a Rosas, fueron siempre manejadas en pro del poder y del dinero, tanto de potencias extranjeras como de traidores a la patria que se vendían al mejor postor.
Por último, hasta Sarmiento se ríe de Rosas, y parece recriminarle el no haber sido corrupto, el haber sido austero, etc. El contraste entre el europeísmo de Sarmiento y el Nacionalismo de Rosas es ostensible en el desprecio con que el sanjuanino describe la vivienda del derrocado restaurador en la Campaña en el Ejército Grande.
“Palermo es un gran monumento de nuestra barbarie y de la tiranía del tirano, tirano consigo mismo, tirano con la naturaleza, tirano con sus semejantes. ¡Y ojalá que el tirano hubiera sido el hijo de una sociedad culta como Luis XIV, habría realizado grandes cosas! Rosas Realizó cosas pequeñas, derrochando tiempo, energía, trabajo y rentas, en adquirir las nociones mas sencillas de la vida, de que carecía….Solo medraban sauces llorones, e hizo alamedas del árbol consagrado a los cementerios (Sarmiento denigra a un bello árbol autóctono. Durante su presidencia no sólo se importarán maestras sino también especies vegetales europeas que perturbarán el equilibro ecológico, como sigue siendo el caso del eucaliptos). Quiso cubrir de cascajo fino las avenidas y gustáronle las muestras de conchilla que le trajeron del río. La presión de los carros molió la conchilla, y sus moléculas, como todos saben son de cal viva, de manera que inventó polvo de cal para cubrir los vestidos, el pelo y la barba de los que visitaban a Palermo, y una lluvia de cal sobre los naranjos a tanta costa conservados, por lo que fue necesario tener mil quinientos hombres limpiando diariamente, una a una, las hojas de cada árbol (una evidente falacia)… La casa es del mismo género. Cuando se habla de la habitación del soberbio representante de la independencia americana, del Jefe de Estado durante veinte años, se supone que algo de monumental o de confortable ha debido crearse para su morada. En punto de arquitectura el aprendiz omnipotente era aún más negado que en jardinería y ornamentación….La casa de Palermo tiene sobre la azotea muchas columnitas, simulando chimeneas (burlona descripción del interesante estilo colonial argentino). En lugar de tener exposición al frente por medio de un prado inglés con sotillos de árboles está entre dos callejuelas, como la esquina del pulpero de Buenos Aires; la cocina que es un ramadón, está a la parte de la entrada principal, para que las reminiscencias de la estancia estuvieses más frescas. No sabiendo que hacerse, sobre habitaciones estrechas, en torno de un patio añadió en las esquinas unos galpones de obra como el edificio, hechos sobre arcos que reposan en columnas sin base. Ni friso, si no es aquel bigotito de ladrillo salido que ponen los albañiles en los arcos de los zaguanes…Así pues toda la novedad, toda la ciencia política de Rosas estaba en Palermo visible en muchas chimeneítas ficticias, muchos arquitos, muchos naranjitos, muchos sauces llorones….Manuelita no tenía una pieza donde durmiese una criada cerca de ella, los escribientes y los médicos pasaban los días y las noches sentados en aquellos zaguanes o galpones, y la desnudez de las murallas, la falta de colgaduras, cuadros, jarrones, bronces y cosa que lo valga, acusaban a cada hora la rusticidad de aquel huésped, por cuyas manos han pasado, suyo, ajeno o del estado, cien millones de pesos en veinte años (¿reprochaba Sarmiento al Restaurador no haber sido corrupto? ¿practicar la austeridad y la sencillez?....Cuando Rosas haya llegado a Inglaterra y visto cada arrendador de campaña, farmer, rodeado de jardines y bosquecillos, habitaciones cottages elegantes amueblados con lujo, aseo y confort, sentirá toda la vergüenza de no haberle dado para más su caletre que para construir Palermo ( es deci9r: para preferir la arquitectura y la decoración criollas)…!Oh! ¡como va a sufrir Rosas en Europa de sentirse tan bruto y tan orgulloso!